Novela realista Vida de escritora

Ser mamá: lo que aprendimos las escritoras

Hoy es un día especial, toca puesta de largo: Lo que aprendí de ser mamá es un hecho.

Y para celebrar esta publicación, he querido que sean otras escritoras quienes nos cuenten qué aprendieron de la maternidad. En este artículo he reunido las opiniones de escritoras de novela realista que ya han pasado por este blog, así como las de aquellas que han escrito sobre ser mamá. 

 

¿Qué aprendiste de ser mamá?

Ana González Duque

De ser madre, aprendí a adaptarme.

Para que me entiendas, yo era una persona que ordenaba la ropa por colores y las especias de la cocina por orden alfabético. Y los niños (los míos se llevan veinte meses) traen consigo el caos. Aprendí a tomarme la vida con filosofía y humor y a priorizar lo importante. Mis hijos me han enseñado también a ver la realidad con sus ojos, sin ideas preconcebidas. Aprendo de ellos cada día.

ser mamá

Blue February

Ser madre me ha enseñado muchas cosas, no sabría muy bien por dónde empezar. Podría comenzar diciendo que, desde que me convertí en madre me di cuenta de que el aprendizaje iba a ser continuo, para el resto de mi vida. Además, no importa cuánto hayas leído sobre la maternidad ni todas las experiencias que otras personas te hayan contado, Ser madre es una vivencia personal e intransferible y, cada persona, niño o  adulto, es diferente. No consiste, pues, en un aprendizaje externo, sino interior.

Lo segundo más importante que me ha enseñado la maternidad es diferenciar lo urgente de lo importante. Cuando tu lista de cosas pendientes por hacer no para de crecer, tengo que priorizar y no dejarme llevar por la vorágine si no quiero colapsar. 
Además he aprendido a ser más paciente (aunque mi paciencia no sea infinita:-)), a bajar el ritmo (antes vivía en permanente prisa y ansiedad, ahora me tomo las cosas de otra manera), a buscar el lado bueno de las cosas, a tomarme la realidad con humor (el que me sea posible), a empatizar con otros padres y niños,a valorar mucho más mi escaso tiempo libre, a disfrutar de las pequeñas cosas y de los momentos del día a día, a tener esperanza en que el futuro sea mejor.
ser mamá

Care Santos

¡Tantas grandes y pequeñas cosas!

A querer como nunca, como a nadie. A recibir el cariño más generoso que existe. A poner una cebolla debajo de la cama para evitar toses nocturnas. A coser un dobladillo (¡qué difícil!). A sacar una espinita clavada en un pie. A cazar un Bulbasur. A dar besitos con la nariz. A bailar el swish-swish. A hacer origami. A odiar a los piojos. A entrenar mi paciencia. A temer cosas que antes ni imaginaba. A hacer magdalenas de emergencia.

Y a que me queda mucho, muchísimo por aprender.

Libros de Care Santos

Concepción Roger

Aprendí que por más que estudie siempre tendré mucho que aprender, que la teoría está muy bien, pero en la práctica muchas veces toca respirar hondo porque los peques son nuestros maestros de paciencia.

Aprendí que, aunque es cansado y complicado, también es divertido y no lo cambio por nada. Conocí nuevas dimensiones del amor, la ilusión y la alegría, pero también del dolor, el cansancio, la pena y el miedo. Aprendí a disfrutar de lo simple, a simplificar mi vida y a vivirla a un ritmo más humano. Comprendí que la alegría de dar es mucho mayor que la de recibir. Que es cierto eso de que los días son largos pero los años cortos.

Asumí que mi casa no va a estar ordenada durante algunos años, porque su poder destructor supera a nuestros intentos organizadores. Que vivimos en una casa de locos y que nos encanta.

Cristina Bou

¿Qué aprendiste de ser mama?
Que un ser humano puede estar dos años de su vida durmiendo como mucho tres horas seguidas y aún así sobrevivir. Me rio yo de la privación de sueño en guantánamo.
Que el concepto de “las cosas que me dan asco” es altamente flexible.
Que existe algo llamado instinto animal, y te hace ser sabia y fuerte.
Que se pueden pasar horas como minutos solo acariciando una mano diminuta.
Que las madres lloran. Mucho. 
También me di cuenta de lo que me quería mi madre cuando tuve a mi hija. Porque el amor que se siente por un hijo es (otra vez) algo instintivo, y no hay nada que sea más grande.
Que echaba de menos jugar a cosas. No hablo de juegos de mesas, hablo de muñecas y el escondite y jugar a ser superheroínas. 
Que las piedras son un tesoro, que hay belleza hasta en una patata.
Que los adultos nos reímos poco, y eso es una lástima. Mi hija se ríe todo el día, de cualquier cosa. Ojalá los imitáramos más.

Helena Gutiérrez Espí

¿Qué aprendí de ser mamá? No paro de aprender.

Más allá de todas las diferentes formas de crianza sobre las que he leído, sobre lactancia materna, alimentación complementaria, etc., más allá de todo eso, lo que estoy aprendiendo de mi primera experiencia como madre es que el esfuerzo y el sacrificio lo compensan las sonrisas, las caricias (¡y ahora los pellizcos!) de mi peque.

Y aunque suene a tópico, lo que he aprendido es qué es el amor incondicional.

Libro de Helena Gutiérrez

Inma Bretones

Aprendí a querer incondicionalmente, a querer a alguien más que a mí.
A dar sin esperar nada a cambio.
Aprendí también a cambiar pañales, a ayudar a sacar el aire, a acostumbrarme a dormir mucho menos, a ducharme cantando nanas mientras mi hija me esperaba en su hamaquita, a disfrutar de nuevo con los dibujos animados, a convertir una cuchara llena de papilla en un avión, a hacer mil cosas con una sola mano porque con la otra cargaba a mi hija en brazos, a divertirme de nuevo jugando a muñecas, a moldear plastilina, a desarrollar hasta límites insospechados mi imaginación contando cada día cuentos imposibles…
Pero sobre todo he aprendido a darme cuenta que mis hijas tienen un montón de cosas que aún por enseñarme y eso me hace la mamá más feliz del mundo.

Izaskun Albéniz

Descubrí el encanto de las ojeras si son debidas a la falta de sueño por un bebé, aprendí que la paciencia es elástica (o al menos más de lo que yo creía) y constato día a día el “más que ayer pero menos que mañana”.El amor crece y crece cada vez más.

Libros de Izaskun Albéniz

L. M. Mateo

De ser madre he aprendido a (sobre)vivir con cinco horas de sueño, a que no puedo con todo, a llorar en silencio y a ponerle buena cara al mal tiempo. Pero también a priorizar y a organizarme, a que no hay verdades absolutas, a no juzgar a los demás.

He redescubierto milagros diarios, como que el agua salga del grifo, que se encienda la luz y que los globos suban y suban hasta llegar a la luna. He comprendido lo difícil que es caminar, hablar o coger una cuchara; que, aunque seas pequeño, tu frustración puede ser gigantesca.

He comido tierra (y mi estómago la ha digerido), observo a las hormigas, persigo mariposas, abrazo árboles, recojo hojas y guijarros, salto en los charcos, me rebozo en la arena, construyo castillos, invento historias y curo golpes, heridas y quemaduras con un beso.

Nunca quise ser madre. Y aquí estoy, apabullada por la maravillosa responsabilidad de ser una niña adulta.

Mar Montilla

Aprendí tantas cosas que sería imposible enumerarlas, pero voy a tratar de mencionar las más importantes.

Lo primero que supe fue que no toda mujer, por el simple hecho de serlo, tiene instinto maternal. Yo no lo tenía, pero creía que sí. Concibes una imagen idílica de eso de ser mamá y de repente te encuentras con una criatura berreando a todas horas, sin saber qué demonios hacer con ella, y preguntándote en qué estarías pensando cuando te metiste en ese lío. Comprendí que ser madre implica dejar tu egoísmo a un lado, estar dispuesta al sacrificio y aceptar que el contrato que has firmado es irrevocable e indefinido. Otra cosa que aprendí es que el período de crianza se hace pesado y, sin embargo, se pasa volando. No lo percibes así mientras ocurre, te das cuenta después.

Ahora que mi hijo tiene 22 años y apenas le veo el pelo porque se me ha independizado, es cuando entiendo que no disfruté lo suficiente de aquella etapa, que tendría que haber jugado más con él, reírnos más, ir juntos a mil sitios y hacer cientos de cosas…

También aprendí que el amor que se siente por un hijo es el más apasionado e incondicional que existe. Es un amor que mueve montañas, serías capaz de cualquier cosa para protegerle si sospecharas que está en peligro. No obstante, creo que lo más significativo de todo lo que aprendí de ser mamá, es que después de pasarte la existencia entera convencida de que le estás transmitiendo a tu retoño lecciones fundamentales, comprendes de repente que es al revés, que es él el que te está enseñando a ti. Supongo que no todos los hijos son iguales, pero el mío desde luego nunca deja de sorprenderme, y eso ocurre desde que era un retaco.

Libros de Mar Montilla

Mayte Esteban

Aprendí que no sabía nada por mucho que hubiera leído. Que el mejor maestro en esto de ser mamá es tu propio hijo.
Aprendí que hay que ser responsable, que no se te pueden olvidar sus revisiones, sus vacunas, sus citas con el pediatra… pero que eso, en lugar de agobiarme, porque despejaba mi agenda de asuntos propios como nada que hubiera vivido antes, me llenaba por completo.
Aprendí que se puede ser mamá y trabajar, aunque vivas, como yo, en un lugar con cero familiares. Solo es cuestión de organizarse.
Y, por último, aprendí que la vida es mucho más bonita con tus hijos de la mano.
Aunque eso creo que era algo que imaginaba antes de que nacieran.

Mónica Rebollo

De ser mamá aprendí muchas cosas, entre ellas, a vivir los embarazos en total conexión con mis bebés, a mirar la vida con ojos de niña y a entender que SER MADRE va más allá de lo que siempre creí: puedes serlo teniendo contigo a tus hijos, si ya no están, o incluso, si nunca llegaron a tí porque no es en esta vida donde debíais encontraros…

ser mamá

Pilar G. Cortés

Lo que aprendí de ser mamá es a tomarme las cosas con mucho humor.

Me convertí en Mamá en Apuros porque la ley de Murphy está muy presente en mi vida, pero en lugar de venirme abajo cuando las cosas se me torcían, les daba la vuelta y las contaba con mucho sentido del humor. Cualquier inconveniente es mucho menos cuando ves a tu hija sonreírte.

libros solidarios Pilar G. Cortés

Pilar Navarro Colorado

Mis hijos están entrando en la adolescencia. Es un dato más importante de lo que parece porque cuando hablamos de maternidad enseguida pensamos en una mujer con su bebé en brazos. ¡Oh! ¡Qué época tan feliz! Pienso ahora en los despertares nocturnos, el cólico del lactante, las visitas al pediatra, los cambios de pañal, el no tener tiempo ni para ducharme… y lo añoro frente a los desplantes y variabilidad de los adolescentes (entre otras «maravillas»).
La maternidad es como un carrusel, escribió alguien de manera acertada. No hay dos días iguales y las emociones –de todos los colores– vienen y van. Sí, me cambió la vida, para bien; me hace crecer como persona cada día y descubrir partes de mí que ignoraba; me llena de amor, a pesar de los malos momentos; sufrir y decidir como nunca antes; me hizo dejar el egoísmo de juventud para pensar en «nosotros»; y sobre todo, me llena de orgullo porque yo sí creo que todas las madres somos las mejores madres para nuestros hijos y formar parte de sus vidas es algo que me hace muy feliz. Solo un abrazo de mis hijos me nutre para todo el día.

¿Qué aprendí yo?

Como ves, muchas coincidimos en que la maternidad nos ha enseñado que nunca sabemos lo suficiente. 

¿Cuáles son los primeros síntomas del embarazo? ¿Influye el sexo de mi bebé? ¿Qué técnicas aseguran un parto natural? ¿Duele amamantar? ¿Existe un método de crianza válido para todos?

Los bebés deberían traer su propio manual de instrucciones desde el momento de su concepción. La maternidad es fantástica, y también desconcertante: no hay reglas para comprender los cambios físicos y emocionales que experimentamos.

En estas páginas te cuento mi vivencia como madre de familia numerosa. De cómo estudié, me preparé y descubrí nuevas técnicas de crianza. Y, aún así, lo que aprendí de ser mamá, es que nunca se deja de aprender.

Aprendí a sacar paciencia de donde no queda, a mantener la calma, a levantarme siempre después de caer, a seguir adelante… 

Lo que aprendí de ser mamá no es un manual con fórmulas mágicas.

Es un libro muy personal desde mi propia experiencia. Es un texto escrito con todo el cariño del mundo, hacia mis hijos y hacia la maternidad. 

En este libro te cuento cómo se paga todo el esfuerzo que supone la crianza respetuosa, mi método elegido después de varios intentos. Pero también soy sincera, mostrándote aquello que no muy poca gente cuenta de la maternidad. Las mamás también lloramos. No soy perfecta. La maternidad deja huellas. 

Lo que aprendí de ser mamá es un regalo perfecto para el Día de la Madre

Y tú, ¿qué aprendiste de ser mamá?

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