Vida de escritora

Musulmana occidental: un reto incomprendido

Ser musulmana occidental no es tarea fácil.

Confío plenamente en que la lectura es capaz de abrir la mente y descubrir aquello que no conocíamos. 

Me decidí a escribir Un velo de libertad porque creí que mi historia merecía la pena ser contada. Fui creyente desde pequeña y practicaba la religión católica con asiduidad acompañada por mi abuela paterna. Tras su muerte, las dudas me asaltaron hasta el punto de no saber si de verdad creía o había estado comportándome así hasta entonces por el simple hecho de compartirlo con mi abuela. La llegada al islam no fue un camino fácil, ni de un día para otro; sino que fue todo un proceso con miles de contratiempos que me hicieron dudar una y otra vez. ¿Y qué recibí de mi entorno? ¿Me dieron aquella libertad de la que tanto se habla fuera del islam? 

Ha sido después de muchos años reivindicando mi forma de ser y mis derechos cuando, por fin, he conseguido verme aceptada. Pero no aceptada por toda la sociedad, tan solo en parte. 

No des explicaciones es mi relato publicado en Vamos a contar mentiras. Aunque en esta ocasión me decidí a escribir ficción, la protagonista podría haber sido yo misma. 

No soy la única musulmana occidental, sino que somos muchas las que elegimos este camino. 

A raíz de la publicación de Vamos a contar mentiras, David Gómez, del blog Cruce de caminos, me retaba a hacer una ficha didáctica sobre el relato. 

¿Por qué musulmana occidental?

Esta es la primera pregunta que tenemos que responder: “¿por qué has decidido ser musulmana?

Sin embargo, antes de responder, muchos ya tienen su propia idea: “ah, claro, estás casada con un marroquí”. Puede que sí, o puede que no. Porque, para empezar, el ser musulmán no tiene nada que ver con ser marroquí. Se puede ser de Marruecos y no ser musulmán, tener otra religión o incluso ser ateo. Además, musulmanes hay por todo el mundo y, un dato curioso, es que Indonesia es el país con más población musulmana, seguido de Pakistán, Bangladesh e India. 

 

A continuación llega: “¿tu marido te obliga a llevar velo y vestir así?

Hay hombres musulmanes machistas, al igual que los hay sin ser musulmanes. Hay hombres que obligan a sus mujeres, sea a lo que sea, tanto de una religión como de otra. Pero no se puede generalizar: ni todos los musulmanes son malos, ni todos los no musulmanes son buenos. 

Es cierto que muchas chicas comienzan a usar velo o cambian su vestimenta después de casarse. Sin embargo, esto puede deberse también a convicción propia y no a una decisión del marido. A lo mejor esa chica tenía intención de ponerse el velo desde hacía tiempo, pero por algún motivo no se atrevía. Después de casarse, con esa felicidad, no vio el motivo para atrasarlo más y decidió ponerse el hijab. Podría ser una respuesta, pues me constan casos en los que ha sido así. 

Luego está otro grupo: el de chicas que deciden llevar velo sin necesidad de estar casadas. En este caso se suele pensar que es cosa del padre. Pero, cuando el padre no es musulmán, como en mi caso, a lo mejor ha sido simplemente decisión de la propia muchacha porque le gusta, porque cree que es una parte más de su religión, o por cualquier otra cosa. 

 

A la pregunta: “¿estás casada con un musulmán?” (vamos a obviar el país de origen)

Por lo general, ese es el proceso: una chica comienza una relación con un chico y, al tiempo, ella se hace musulmana. Hay veces en las que esto ocurre por pura complacencia hacia el chico, y en tal caso la relación no suele terminar bien porque, antes o después, la mujer se cansa de tener que aparentar algo en lo que no cree. En otras ocasiones, ella comienza a descubrir una religión que le era desconocida, le gusta, y decide probar.

Sin embargo, hay otro grupo: somos muchas las mujeres que hemos llegado al islam sin ningún hombre de por medio. En mi caso, Un velo de libertad relata mi experiencia, el proceso y cómo fueron las reacciones del entorno. En el caso de María, la protagonista de mi relato en Vamos a contar mentiras, será un viaje lleno de mentiras el que le haga reaccionar en busca de ser ella misma. Luego tenemos, por ejemplo, a Amanda Figueras, autora de Por qué el islam, que nos responde en su libro a esta pregunta tan amplia. 

También he de decir que hay muchos casos de chicos que han cambiado la religión. Bien musulmanes que han dejado de serlo, o bien no musulmanes que se han interesado por el islam. Vicente Mota, Ali Calatayud o Ahmed Bermejo, Sheij de la Mezquita Mayor de Granada, son ejemplos de ello. 

 

Una pregunta que no nos hacen como deberían: “¿por qué el islam?”

La respuesta está tan interiorizada con los prejuicios, que casi prefieren ahorrarse la pregunta. “Se hace musulmana porque le han lavado el cerebro, porque le han metido ideas en la cabeza, etc”. 

Quizás, nos hacemos musulmanas porque el islam es la última religión con libro revelado. El Corán completa las revelaciones anteriores y también creemos en la Torá y el Evangelio. Creemos en Jesús, en María y en los demás profetas (Noé y el arca, Jonás y la ballena, los doce hijos de Jacob, Abraham e Ismael). 

La principal diferencia es que en el islam no hay intermediarios entre nosotros y Dios. No confesamos nuestros pecados al cura para que nos absuelva, pues es algo que no va con otro ser humano. Ni tampoco un organismo con potestad para modificar la religión: antes la Cuaresma eran 40 días de ayuno sin comer carne, luego era solo los viernes, después se podía pagar una compensación a la iglesia para poder pecar, y poco a poco se ha perdido la tradición. 

 

La literatura abre mentes

En mi novela Un velo de libertad te cuento cómo pasé de ir todos los domingos a la iglesia a convertirme en musulmana. No es una tarea fácil. 

 

Cuando escribí No des explicaciones, mi relato para Vamos a contar mentiras, de nuevo me inspiré en mis propias sensaciones y pensamientos. ¿La protagonista está más oprimida por el islam o por su propia familia? ¿No es digno su comportamiento ante su fe por el hecho de ser española? ¿Cómo la acoge una sociedad desconocida? 

Musulmana y sin derechos

En una sociedad cargada de prejuicios, resulta difícil comprender cómo una chica española (o latina, o de cualquier parte de Europa) decide hacerse musulmana para perder todos sus derechos. Si tenemos derechos y libertad, hemos de asumir que somos conscientes de elegir nuestra propia vida. Quizás, ese miedo, venga respaldado por la cantidad de clichés y mitos sobre el mundo árabe que tenemos

Al ser musulmana, ya no podrás salir de fiesta con tus amigas, ni beber alcohol y emborracharte. 

Vale. Quizás esto era lo que no me gustaba de mi círculo de amigas y amigos. ¿Por qué para ser “normal” hay que beber hasta el coma etílico y salir a las discotecas toda la noche? Si yo prefiero leer y ver una película en casa, ¿merezco sufrir bullying? ¿Dónde quedó esa libertad de la que hablábamos? 

 

¿Y te pondrás un pañuelo en la cabeza y ropas largas hasta los pies? 

Lo primero es que esto es una decisión personal. Si bien el islam nos marca unas formas de conducta tanto a hombres como a mujeres, al final la decisión sobre respetarlo o no es personal. Pero, si decido usarlo, ¿dónde quedó mi libertad? ¿Es más libre una chica que tiene que usar minifalda para ser aceptada por la sociedad? 

En este apartado merece la pena hablar sobre el comportamiento de los musulmanes. Por lo general, la visión que nos muestran del islam es contraria a su esencia. Que una mujer no pueda ir a la piscina a bañarse, pero un hombre pueda hacerlo, es un acto machista que no tiene que ver con la religión. Si la mujer debe cubrirse para no atraer las miradas y despertar el deseo de los hombres, a ellos también se les ha prohibido descubrirse el torso o utilizar pantalones por encima de la rodilla. Que lo cumplan o no, es decisión suya, pero así es la enseñanza del islam. 

 

Si te casas, empezarás a tener hijos y no podrás estudiar ni trabajar. 

De nuevo, cliché. La mujer tiene derecho a trabajar fuera del hogar al igual que el hombre. Y del mismo modo éste tiene la obligación de colaborar en las tareas de casa junto a su esposa. Nada de que la mujer se quede en casa amasando el pan mientras el marido se va a ver el fútbol con los amigos. El mismo profeta Muhammad (traducido como Mahoma) fue un ejemplo y así lo demuestran los textos del islam. Otra cosa diferente es que a los hombres les guste aceptarlo o no. Prueba de que no gusta mucho es que en Marruecos esté prohibido el libro El harén político, de Fátima Mernissi, que reivindica estos derechos y comportamientos. Como decía antes, no todos los hombres son igual de machistas, ni todas las mujeres consienten someterse. Somos muchas las que hacemos valer nuestros derechos. 

Y, si elegimos tener hijos y dedicarnos unos años a ellos, ¿no tenemos libertad para hacerlo?

 

Siendo española y libre, ¿por qué someterte a un marido que te controle y no te permita caprichos? 

La elección de un marido y el consentimiento en la pareja es algo muy personal. Hay muchas parejas no musulmanas que caen en el maltrato, el machismo y las adicciones que terminan arruinando la relación. 

Se suele utilizar mucho un verso del Corán para demostrar que es machista. Es un texto en el que habla de las herencias y dice algo así como que al hijo varón le corresponde el doble que a la hija. Visto así, sin duda es machista. Pero hay que aclarar bien los términos y especificar que al hijo se le da más cantidad de herencia porque el hombre es el encargado de proveer de sustento a su familia; es decir, que él tendrá que compartir su dinero con su mujer e hijos. Sin embargo, la mujer no tiene por qué aportar nada al hogar, pues su derecho es que el marido la mantenga y no le falte de nada. Si ella trabaja, el dinero es de ella, para sus caprichos o para lo que quiera y, si cobra una herencia, igual. 

 

El hombre es superior a la mujer

En el Corán hay versículos donde se menciona tanto el masculino como el femenino por igual. Y el ejemplo que tenemos del último profeta del islam es que fue un hombre que respetaba a las mujeres y colaboraba en las tareas del hogar. Quizás, por eso, Amanda Figueras dejara claro en esta entrevista que el Corán es tan igualitario que hoy diría “portavoza”, en femenino. Por último, cabe destacar numerosos textos donde se hace referencia a que el mejor de entre los musulmanes es el que mejor trata a sus mujeres (madre, esposa, hija), y que la madre tiene un lugar mucho más elevado que el padre desde los mismos textos sagrados (ella lo llevó en su vientre, lo amamantó, sufrió su crianza). 

 

Pareces una mora

Es lamentable, pero esta frase tan despectiva la he escuchado muchas veces. Y me la han dicho de frente, sin miramientos. ¿Qué habrán dicho a mis espaldas? 

Y yo me pregunto: ¿qué requisitos hay que cumplir para ser mora? Porque, si la única condición es ser musulmana, no lo parezco, lo soy. Pero, si lo necesario es proceder de un país árabe, dudo que se le califique así a Najat El Hachmi, por mucho que sea de origen marroquí, mientras que sí sufre el comentario Míriam Hatibi, autora de Mírame a los ojos.

 

¿Qué mas da nuestro origen? ¿Qué importa la creencia?
Mejor nos limitamos a ser personas, sin más. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Responsable: Raquel Monge

Finalidad: gestionar los comentarios

Legitimación: tu consentimiento

Destinatarios: los datos que me facilitas estarán ubicados en los servidores de RaiolaNetworks (proveedor de hosting de lailarmonge.com) fuera de la UE.

Derechos: podrás ejercer tus derechos, entre otros, a acceder, rectificar, limitar y suprimir tus datos

Información adicional: Política de privacidad