Vida de escritora

Los falsos amigos de mi carrera literaria

Apostar por la escritura es un riesgo. Nadie dijo que fuera fácil. Pero si es lo que de verdad apetece y hay una mínima posibilidad de que salga bien, hay que seguir intentándolo. Ya hace más de dos años que me enfrenté a mi destino y decidí que lucharía por conseguir mis sueños. Hoy, hago balance y me doy cuenta de todos esos falsos amigos que he ido encontrando -o perdiendo- a lo largo de mi carrera literaria. 

 

Mis falsos amigos

1: Coedición

Cuando decidí que quería ver mi historia publicada, la primera opción que encontré y por la que estuve a punto de apostar, fue la coedición. Si no sabes lo que es, te cuento: se trata de pagarle a una editorial para que publique tu libro. Pagas por una corrección, maquetación, diseño de portada, etc. a cambio de que tu texto se convierta en un libro con un sello editorial que, por supuesto, no está en los primeros puestos. 

Gracias a Ana González Duque y El escritor emprendedor descubrí que, puestos a invertir dinero, era mucho mejor autopublicar y tener el control sobre todo lo que ocurra con mi libro. Yo elijo a las personas con las que quiero trabajar, yo marco un precio -que puedo rebajar siempre que me apetece- y yo me encargo de interactuar con mis lectores. 

 

2: De la nada a superventas

Me gusta ser realista y pensar siempre que no es fácil. Así, si lo consigo, me llevo una alegría; pero si no sale bien, es menor la decepción que si me hubiera hecho demasiadas ilusiones.

Aún así, creía que mi primer libro -y los siguientes- se venderían con mayor facilidad por el hecho de estar en Amazon y promocionando en Internet. Y no, no ha sido así porque vender libros cuesta mucho. Sobre todo si tu público objetivo prefiere los eventos físicos a las nuevas tecnologías. 

 

3: Ya está todo aprendido

¿Es la última pieza? ¿O faltan más?

Por mucho que hubiera publicado un libro y conociera el proceso de corrección, maquetación, diseño de portada, promoción, etc. ¡Todavía me falta mucho por aprender! 

Varios libros más tarde, aún sigo aprendiendo de mis propios errores y los de otros. 

Por ejemplo, después de ver lo que le ha ocurrido a algunos escritores que han publicado con editoriales tradicionales (de las que no te cobran por ello) pero pequeñas, se me quitan las ganas de intentarlo. ¿De qué me sirve que mi libro lleve un sello editorial si me van a pagar una miseria en el mejor de los casos -pues en otros ni siquiera cumplen y tratan de engañarte y robarte-?

Otro error del que he aprendido la lección es: lo que a mí me gusta o interesa no es lo que atrae a otras personas. Es fundamental contar con criterios profesionales y buscar consejos antes de lanzarse a la piscina, que lo mismo está vacía. 

 

4: Todo está en Internet

En pleno 2020, cualquiera diría que vivimos en una época muy digitalizada: todo el mundo está en las redes y se maneja con el gigante de Internet. Por eso intentamos hacer marketing online para llegar más lectores y darnos a conocer.

Pero no, no es así. Mucha gente no tiene redes sociales, ni siquiera le interesan ni quiere conocerlas, y no todo el mundo está dispuesto a digitalizarse. 

Para mi nueva novela decidí explorar una nueva forma de publicación: el crowdfunding. Mi proyecto estuvo en la plataforma Verkami a un precio inferior del que tendría una vez publicado para que la gente -mecenas- pudiera comprarlo por adelantado y con recompensas extras, ayudándome a sufragar los costes de autopublicar: la correctora cobra por su servicio, el portadista también come, hay que pagar a la imprenta para que saque los ejemplares, etc. 

Me decanté por esta nueva forma por dos motivos: contar con ventas e ingresos antes de pagar todos los gastos que conlleva publicar; y conocer hasta qué punto me apoyan los lectores y descubrir si el marketing online me está funcionando. 

El proyecto no salió adelante pero, aún así, terminé publicando Ayúdame a salir

 

Ver «Ayúdame a salir»

5: Sí, pero a la cara

Llevo tiempo fijándome en que mis libros se venden mucho más en eventos físicos como presentaciones o ferias que online. Es verdad que hay muchas ventas digitales, pero el formato físico, por ejemplo, apenas se vende en Amazon. 

Con el Verkami de Ayúdame a salir, me di cuenta de que muchas de mis lectoras no compran Internet. Y si no lo hacen en plataformas conocidas, menos todavía en algo que es nuevo para ellas. Eso sí, se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme el pago en efectivo porque de verdad les interesaba mi nueva novela. 

 

6:¿Son realmente tus amigos?

Los falsos amigos son como el insecto: se hacen pasar por palo y, cuando quieres cogerlo, saltan.

También hay algo que tengo claro desde hace muchos años: en los momentos importantes es cuando se descubre quiénes eran tus falsos amigos. Y no, no me refiero a esos verbos ingleses que nos enseñaban en el colegio, sino a las persona que aparentan quererte más que nada en el mundo pero que luego no te apoyan en ninguno de tus proyectos (ni literario, ni personal). 

Cuando tienes un primer borrador de tu novela y necesitas que alguien te diga qué partes merecen la pena y cuáles son un desastre, necesitas lectores cero fuera de tu círculo cercano, que no alaben tu texto solo por hacerte ilusiones. Por suerte, yo siempre cuento con otros escritores que, si ven un fallo, no lo dejan pasar y no tienen pelos en la lengua para decirme su opinión sincera. En cambio, si dejara mis textos en manos de mis amistades, alabarían mi escritura y, a la hora de la verdad, sería un fiasco. 

Esto mismo me lo demostró mucha gente a la hora de participar en el Verkami. Hay quien quiere leerme, a quien le gustan mis libros, pero gratis. Cuando hay que pagar por adelantado, la cosa cambia. 

 

Y tú, ¿has descubierto a tus falsos amigos?

Si no eres de esos insectos palo que saltan al querer cogerlos y te apetece tener Ayúdame a salir puedes conseguirlo en Amazon o pedírmelo a través de la tienda

Ver «Ayúdame a salir»

 

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