Novela realista

Entrevista a Care Santos y reseña de Todo el bien y todo el mal

Un mes más, participo en la iniciativa #UnAñoDeAutoras con esta entrevista a Care Santos. Es autora de numerosas novelas y cuentos, tanto para adultos como juveniles e infantiles. Sin duda, una autora a la que hay que conocer: la realidad es la base de sus narraciones. 

 

Entrevista a Care Santos

¿Quién es Care Santos?

Buena pregunta. Supongo que varias personas, como todo el mundo. Todos somos poliédricos, tenemos distintas caras; mostramos aquella que más nos conviene, más amable nos resulta o menos nos duele. Por supuesto, yo soy aquella que escribe, y también soy otra mucho más vulgar, la que vive. Todos vivimos una vida absolutamente vulgar, hagamos lo que hagamos. Y, tal vez, ni siquiera yo sepa quién soy, como mucha gente tampoco sabe quién soy. Es algo que deberían valorar y decir quienes me conocen y no tanto yo.

 

¿Cuál de tus libros es el más personal?

Seguramente Diamante azul. Pero, no porque en los otros no esté personalmente; que lo estoy, y en todos. Sino porque Diamante azul es un libro que se basa en la historia familiar de mi familia materna y en algunos de los ancestros como un tatarabuelo mío llamado Silvestre. Además, conté una historia que tenía muchas ganas de contar desde hacía muchos años: la de mi abuela Teresa y mi abuelo Claudio. De modo que, seguro que no hay ningún otro libro de todas las novelas que he escrito que me implique más que Diamante azul.

Diamante azul refleja recuerdos de tu abuela; y Media vida es un reflejo de la generación de tu madre. ¿Qué encontramos en Todo el bien y todo el mal? ¿Recurres de nuevo a recuerdos y experiencias?

Diamante azul es, muy claramente, una historia basada en la historia de mi familia; Media vida, no tanto. En Media vida me inspiré en ciertos recuerdos de la generación de mi madre pero no solo de mi madre. Tracé la historia de cinco mujeres que reflejan esa generación, pero ninguna de ellas es un calco o un reflejo de mi madre. De modo que es muchísimo menos personal Media vida que Diamante azul en ese sentido; aunque no creo que exista una novela que no sea personal ni pueda existir, porque nos implicamos siempre mucho los novelistas en aquello que escribimos.

Care Santos

En Todo el bien y todo el mal sí hay, por supuesto, préstamos personales, como en todas mis novelas. Para empezar, mi protagonista tiene mi misma edad y tiene un hijo adolescente, yo tengo tres. Es una mujer acostumbrada a gobernar su vida, creo que yo también lo soy, aunque tengo una vida más sencilla que la que tiene Reina, por fortuna para mí. Por supuesto que le he hecho algunos préstamos en algunas cosas y, en otras no. Uno de los más importantes es esa preocupación por los temas principales de la novela: la debilidad, la vulnerabilidad, qué seríamos capaces de hacer por los seres que amamos, conocemos realmente a quienes más creemos conocer, conocemos a nuestros hijos, a quienes hemos criado y a quienes hemos traído al mundo. Todo eso está detrás de sus preocupaciones y del gran problema por el que está atravesando, y también está,  por supuesto, en mis preocupaciones; si no no hubiera podido escribir la novela.

¿Qué tienen en común las tres mujeres de Deseo de chocolate?

En primer lugar, el poseer la chocolatera, que es la protagonista de la novela. Y, en segundo lugar, seguramente son mujeres algo a contracorriente, unas más que otras. Hay algunas mujeres en esta novela que son muy convencionales, otras que son mujeres de armas tomar y que viven una vida un poco a repelo como muchas de mis protagonistas, pero en ningún caso lo son todas. Además, estoy segura de que las tres mujeres de Deseo de chocolate tienen mucho menos en común de lo que comparten: tienen más diferencias que similitudes. No solo por la época que les toca vivir, sino también por la edad y por su planteamiento vital.

¿Cuándo podremos descubrir las demás piezas que completan el puzzle de Todo el bien y todo el mal?

La segunda parte la estoy escribiendo estos días, estoy trabajando ahora mucho en ella. Va a salir publicada aproximadamente dentro de un año. Así es como lo han decidido mis editores, que son quienes tienen que tomar estas decisiones, y a mí me parece perfecto porque eso me da tiempo para trabajar en ella todo lo que quiero.

 

¿Hay algún mensaje común que quieran transmitir tus novelas en general? Por ejemplo, la crítica social de cada época sobre la que trata. ¿Y cuál es la premisa de Todo el bien y todo el mal?

No es voluntario, pero todos los escritores escribimos desde nuestra memoria, desde nuestras preocupaciones, desde todo aquello que somos; también desde nuestros valores, desde lo que no somos. Por tanto, es lógico que nuestras novelas tengan rasgos comunes y un aire de familia. Y así tiene que ser: yo no puedo escribir al margen de lo que soy. Tampoco sé si soy yo la persona más apropiada para decir qué tienen en común las novelas.

Sí creo que hay una preocupación mía que me acompaña desde que tengo uso de razón: por el sentido de la vida, por la muerte, por las consecuencias y los estragos que la muerte de los seres queridos causan, por la vida familiar, por la memoria débil, pero a la vez tan importante de la familia, por lo que la familia nos transmite.. En fin, todo eso está en mis novelas y, por supuesto, también está en Todo el bien y todo el mal.

 

¿Cómo ha influído la maternidad en la escritura? ¿Es, para ti, algo negativo, positivo, incompatible? 

Es una pregunta muy pertinente porque creo que la maternidad es uno de esos grandes temas de los que hablo en todos o casi todos mis libros. Creo que es, además, un asunto del que las mujeres tenemos mucho que decir, y está bien que seamos nosotras quien lo diga. También está bien que escribamos de paternidad porque ha sido siempre al revés: han sido ellos quienes han escrito de maternidad desde su punto de vista; por tanto, que ahora nosotras demos el nuestro también es pertinente y muy interesante.

La maternidad es muchas cosas, como todos los temas complejos de la vida. Es una de las mejores experiencias que he podido vivir. Yo no hubiera sido la misma si no hubiera tenido hijos, hubiera sido una mujer muy desdichada. Pero también considero que es algo incompatible con ciertas labores intelectuales como, por ejemplo, la del novelista. Hay que hacer verdaderos equilibrios para compaginar la escritura y la vida de una mujer escritora con la vida de una mujer madre. A pesar de todo, como ambas cosas me gustan y estoy en ellas por pura pasión, tanto en la maternidad como en la literatura, he tenido que encontrar y he encontrado el modo de hacerlas compatibles.

Desde luego, no seré yo quien venga a encontrarle puntos negativos a ninguna de las dos; no porque no los tengan, sino porque me niego a verlos, porque lo positivo, para mí, es mucho más importante que lo negativo y porque yo soy, me temo, una optimista patológica.

 

Como autora, ¿es fácil para ti moverte entre la literatura infantil y juvenil y las novelas para adultos?

No es difícil, desde luego. Lo que es, sobre todo, es una suerte. Yo tengo la fortuna de tener lectores de diferentes edades, desde los más pequeñitos hasta los adultos que abarcan cualquier edad. Además, entre los pequeños y los adultos, tengo el privilegio de ser leída por la gente joven, por los adolescentes, que son mis lectores favoritos: son los más difíciles, son unos jueces implacables y, precisamente, por eso los valoro tanto, porque me consta que son lectores que pasan unos años un poco alejados de la literatura, que descreen un poco de la literatura. Si en esos años de su vida leen algún libro mío, yo me considero afortunada porque no son años en los que se lea con mucha frecuencia.

En literatura todo es difícil, escribir para cualquier público es difícil: construir una novela, ser capaz de rescatarla del pensamiento abstracto en el que nace y trasladarla al papel es muy complejo, y cuanto más escribo más complejo me parece.

Más allá de fácil o difícil, para mí, lo que es poder compaginar literatura infantil y juvenil con las novelas de adultos, es una posibilidad de alejarme del aburrimiento: tengo la posibilidad de hacer cosas muy dispares, de probar géneros absolutamente distintos y la aprovecho en mi beneficio para no caer en la autorepetición, para no plagiarme a mí misma y, sobre todo, para no aburrirme.

 

¿Nos recomiendas a un autor o autora?

Hay tantos y tantas que circunscribirlo solo a uno es terrible. Os voy a recomendar a una poeta. Yo soy buena lectora de poesía y creo que la poesía es la gran olvidada y hay que rescatarla. Hay una poetisa polaca galardonada con el Premio Nobel que me entusiasma, seguramente es de mis poetas favoritos: Wislawa Szymborska Os la recomiendo con los ojos cerrados. Cualquier cosa que leáis de ella, ya sean sus poemas o sus críticas literarias, que son de todo menos críticas convencionales, o ya sea su correspondencia. Cualquier cosa que leáis -por suerte está muy bien publicada en castellano- será un absoluto deleite.

 

Un consejo para los autores que estamos empezando:

Algunos, uno solo también es difícil. Para empezar, los más obvios: que leáis bien y escribáis cualquier cosa pero todos los días, como unos deberes obligatorios que os autoimponéis. En segundo lugar, que no os desmoralicéis;, quiero decir que no hay nadie esperándoos, que no perdáis las ganas ni la ilusión. En tercer lugar, otro muy obvio pero que a veces no lo parece tanto: compráos un cuaderno, sin un cuaderno no eres escritor. Las ideas llegan y hay que tener donde apuntarlas, para eso sirve un cuaderno. Yo soy romántica y digo un cuaderno, igual un escritor más joven diría el móvil o las notas del móvil, igual lo aceptaría pero prefiero un cuaderno y una pluma estilográfica con tinta de un color bonito, es diferente.

Mi agradecimiento a Care Santos, no solo por haberse prestado a esta entrevista, sino también por su cercanía que la hace, si cabe, más admirable. 

Puedes seguir a Care Santos en su web y en sus redes sociales: Twitter y Facebook.

 

Reseña de Todo el bien y todo el mal

Esta es la primera novela de Care Santos que he leído. Sin embargo, Diamante azul, Media vida y Deseo de chocolate están en mi lista de lecturas pendientes.

Reina tiene un marido, un exmarido, un amante, un hijo adolescente, un buen sueldo y un trabajo que le apasiona y al que se dedica en cuerpo y alma. A Reina le gusta su vida. Aparentemente lo tiene todo, o por lo menos eso piensa ella. Hasta que, durante uno de sus viajes de trabajo, de repente sucede algo en su casa que cambiará las cosas, y que le demostrará de la peor manera hasta qué punto es vulnerable.

Así es como empieza para Reina un largo camino de regreso a casa, en el que lo peor que tendrá que afrontar no es la extenuante espera en un aeropuerto cerrado por una ola de frío siberiano, sino el vértigo que le provoca revisar su vida en busca de la verdad y tener que enfrentarse a ciertas preguntas incómodas: ¿Cuáles son las personas de verdad imprescindibles en nuestra vida? ¿Qué consecuencias tienen las malas decisiones? ¿Qué seríamos capaces de hacer en las circunstancias más terribles? ¿Conocemos realmente a nuestros hijos? ¿Nos conocemos lo suficiente a nosotros mismos?

Sabía que Todo el bien y todo el mal escondía una gran historia. Pero ha superado todas mis expectativas. 

Desde el principio de esta novela me surge una reflexión: ¿Dónde estamos los padres y madres cuando los hijos nos necesitan? A veces, no es suficiente con estar cerca, con vernos mucho tiempo; es necesario observar y dedicar atenciones. 

Hay dos momentos, al inicio y casi al final, que dejan claro cómo una imprudencia puede hacernos perder a quienes más queremos. Puede que sea una muerte inesperada, o es posible que sea un simple hecho el que nos aleje. Como sea, deberíamos ser siempre más conscientes de nuestros actos. 

Esta novela esconde la vida entera de la protagonista, Reina, narrada en apenas unas horas, las que pasa retenida en el aeropuerto de Bucarest sin poder volver a casa. Está muy bien documentado en cuanto a habilidades sociales, algo fundamental en la profesión de nuestra protagonista. Y es una historia muy actual en cuanto a la forma de comunicarse de los personajes -vía Whatsapp o Email- y sobre los temas clave en cualquier programa de noticias. 

La lectura es muy amena y ágil. Son capítulos muy cortos que se leen con mucha facilidad y permiten hacer pausas entre uno y otro. Además, está muy bien hilado porque cada capítulo se centra en un momento concreto. Mantiene la tensión en todo momento porque nos hace plantearnos varias cuestiones: ¿por qué ha intentado suicidarse Alberto?, ¿qué hará Reina con el trabajo que ha dejado a medio? ¿lo terminará o abandonará a pesar de las consecuencias?, ¿qué le espera con Sam, Félix y Tom?

Al ser una bilogía, no hay un final cerrado, pero creo que el vuelo de Reina, sumado a una conversación telefónica de última hora, es un buen cierre para esta historia. Al fin y al cabo, se resuelve el conflicto que había pendiente. 

Estoy deseando descubrir la segunda parte. Mi enhorabuena a Care Santos por esta maravillosa historia. Me quedo con esta cita: 

Lo que estamos dispuestos a hacer siempre depende de lo que recibimos. Si el premio es grande, la motivación es grande. 

 

¿Has leído Todo el bien y todo el mal? ¿Qué otro libro de la autora me recomiendas para seguir conociéndola?

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