lo que solo entendemos la gente de pueblo, cuando los ojos no ven
Literatura realista

Reseña: Cuando los ojos no ven. Lo que solo entendemos la gente de pueblo

Cuando los ojos no ven

Rubén Berrueco vuelve a sorprenderme con su nueva novela, Cuando los ojos no ven

Ya lo hizo con Entre turrones, una novela de la que ya te hablé porque me gustó mucho. Pero de esta segunda novela he sacado más conclusiones positivas. Como decía Rubén en este artículo de mi blog, la novela realista también enseña cosas de la vida

Yo, que me empeño en decir que soy de Albacete, tengo que reconocer que nací en un pueblo. Aunque me gusta mucho la ciudad y he vivido aquí media vida, mis orígenes están en un pueblo de la provincia. Por eso, cuando las novelas costumbristas muestran la realidad de las pequeñas poblaciones, siempre consiguen sacarme una sonrisa y traerme recuerdos. 

 

Sobre el autor

Si sigues mi blog, ya sabrás quién es Rubén Berrueco porque hablo mucho de él. Pero si eres nuevo por aquí, es un buen momento para que lo conozcas. 

Rubén es escritor de novela costumbrista y pediatra. Maño afincado en Barcelona, así se define él. 

En su afán de que todos encontremos tiempo para leer, tiene un Club de lectura en Facebook al que te animo a que te apuntes. 

Puedes conocerlo mejor en su blog, La sala de espera; y también en Twitter y Facebook

 

Sobre la novela

cuando los ojos no ven rubén berrueco

«Doctor Chema, eso de que me falta un tornillo lo vengo oyendo desde que era una cría, pero loca, le aseguro que no estoy…».

Así comienza el relato de Vivi, una dependienta del departamento de zapatería de El Corte Inglés, ingresada en un hospital psiquiátrico en contra de su voluntad.

Poco a poco y desde el principio, Vivi cuenta su historia, que incluye un exilio forzoso, un matrimonio fallido, un misterioso gato y unos cuantos espíritus charlatanes, que es capaz de escuchar gracias a lo que ella misma define como su capacidad especial. Mientras tanto, su psiquiatra, el doctor José María Manzano, se enfrenta a una crisis personal y profesional. Casi sin darse cuenta, el médico se involucra en la vida de su paciente más allá de su obligación y termina descubriendo una parte de sí mismo que desconocía.

En Cuando los ojos no ven, espíritus, velas, vírgenes y el mismísimo Cristo de Medinaceli se entremezclan en un relato divertido y conmovedor.

Mis impresiones

Cuando los ojos no ven es una novela muy agradable que te atrapa desde la primera página con el relato de Vivi y el comportamiento del doctor Chema. 

Aunque tiene dos narradores en primera persona, tanto la protagonista como su médico, se identifican con facilidad. Los capítulos son cortos y están bien hilados para seguir en busca de más. Va alternando la narración del psiquiatra con el relato de Vivi. 

Al principio cuesta entender quiénes son los personajes de la familia, pero tiene un árbol genealógico al que recurrir en caso de duda. Según avanza la historia es más fácil situar a los personajes secundarios. 

Vivi es un personaje peculiar con una historia poco habitual. En su relato cuenta su vida en el pueblo y cómo llega a la ciudad, con los cambios que eso supone en ella. Es madre, esposa, hija y también amiga. Hay episodios alegres que te sacan una sonrisa, y momentos duros que son capaces de entristecerte. Según avanzan las páginas sientes la evolución del personaje hasta el momento en que se encuentra. 

Pero me ha gustado mucho que no sea ella la única que muestra su vida, sino que también lo hace el doctor Chema. En ninguna profesión es fácil el comienzo, pero eso se complica cuando tratas con personas. Debe de ser complicado identificar los problemas de los pacientes. Es de admirar el trato humano que muestra sin importar las críticas que recibe. El psiquiatra de Vivi se va dando cuenta también de sus propios problemas

¿Será verdad que “ojos que no ven, corazón que no siente”?

¿O somos nosotros los que preferimos mirar a otro lado para no hacer frente a los problemas? 

 

Lo que solo entendemos la gente de pueblo

La vida de pueblo no es fácil. Aprender a convivir con las habladurías de la gente, ser el centro de atención o sentirse raro es un gran reto. Pero cuando es tu misma familia la que te rechaza, el desafío es aún mayor. 

La protagonista de esta novela asegura no estar loca, pero es lógico que en un pueblo se viera señalada por ser diferente. Esa teoría de nacer con un don era algo habitual en las mujeres mayores. Pero lo diferente siempre es motivo de crítica. 

También hay algo que se llevaba mucho en los sitios pequeños, y que aún no se ha perdido por completo, las tradiciones familiares. Una hereda el nombre porque era el de su abuela, sin más; pero a veces no complace a todos. Por eso, Vicenta, la protagonista de Cuando los ojos no ven, empieza a utilizar Vivi para distinguirse. 

Mucha gente no entiende algunas expresiones típicas de los pueblos. Ese “Sin en cambio” que aparece en las primeras páginas es muy común en gente mayor. También es muy común un vulgarismo, decir “la” o “el”, delante de los nombres. La Catalina y El Eladio me han sacado más de una sonrisa al recordar mi infancia en el pueblo. 

Luego está esa absurda manía de “que no se entere nadie”. Una idea según la cual “los trapos sucios se lavan en casa”. Es común en los pueblos querer esconderse para no ser el centro de atención. Con lo que mucha gente no cuenta es que, al esconderse, aún estás dando más lugar a habladurías. 

Rubén contaba en este artículo los secretos y entresijos de esta novela. Esa foto de La tía Aurea me recuerda a la de mi madre en su primera comunión con un traje similar. Pero es que, otra coincidencia que me ha sacado más de una sonrisa, es que mi madre también se llama Gregoria, como la de la Vivi. Además, tomó el nombre de su abuela, como era habitual en los años 60.

Hoy en día miramos más por nombres modernos. Más de una vez he tenido que repetir el nombre de mi madre porque no quedaba claro a la primera. Gregoria se confunde mucho con Gloria, y no tiene nada que ver. Quizás Quiteria sea más conocido, pero Áurea o Anuncia son nombres que ya casi no se escuchan. 

Desde luego, una novela costumbrista muy bien metida en ambiente. Un bello recuerdo para los que conocemos los pueblos. Y un acercamiento para los que no han salido de la ciudad. Real como la vida misma. 

 

Los escritores estamos locos, o eso dicen. Puede que por eso haya grandes novelas con protagonistas locos
Pero te lo explicaré mejor en un artículo que estoy preparando, si no me encierra antes el psiquiatra. 

 

¿Lees novela costumbrista? ¿Te animas a empezar con esta gran novela? 

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