cuando la novela negra se hace realidad
Literatura realista

Cuando la novela negra se hace realidad, por Izaskun Albéniz

La novela negra se hace realidad

Algunas veces, la novela negra se hace realidad y nos sorprende. Pero no seré yo quien te lo cuente, sino Izaskun Albéniz

 

Tenía entre mis asuntos pendientes escribir una reseña de una novela negra para Laila, una que estuviera basada en un hecho real. Pero nunca pensé que este asunto coincidiera con una noticia real. Este fin de semana nos ha sacudido un comunicado oficial que nunca debería haber sucedido. La muerte de un menor a manos de quien le cuidaba. Supones que aquella persona en quien como padre o madre confías a tus hijos (mucho más si es tu pareja),  sobre cuya inocencia no cabe albergar ninguna duda cuidará de tus hijos como si fueran propios. Que no permitirá que le suceda nada malo. Mucho menos que sean esas manos las responsables de un acto atroz. Y sin embargo sucede. Igual que en Canción Dulce, cuya historia está basada en un suceso real. 


novela negra se hace realidad

  • Título: Canción dulce. 
  • Autora: Leila Slimani 
  • Páginas: 288 
  • Editorial: Cabaret Voltaire, 2017 
  • ISBN: 9788494443480 

 Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama 

Dos eran las pretensiones que tenía Leila Slimani al escribir este Canción Dulce: sacudir al lector y poner de manifiesto que el trabajo de un escritor supone tratar de comprender. Con esta novela lo consigue desde la primera página.  

Slimani sacude e incomoda al lector por el hecho con el que inaugura sus páginas, el asesinato de dos niños a manos de su cuidadora. Y desde ese momento, con el lector como cómplice, trata de comprender qué ha pasado. Cómo es posible que la situación haya llegado a ese punto. Por qué nadie se ha dado cuenta. ¿Cuáles han sido los indicios y porqué han pasado desapercibidos? 

Tantas preguntas que te surgen a lo largo de la breve e intensa novela en la que queda patente que la miseria social no sacude únicamente a las minorías, que no entiende de razas y que el resultado de esa indigencia desemboca en una inquietante realidad: la locura y la violencia que genera esta situación puede inducir a cualquier persona a cometer actos espantosos. 

Refleja con una certeza escalofriante el espejismo engañoso de la maternidad. ¿Amor? Mucho. ¿Ternura? A espuertas. ¿Estado personal? Diluido. Se diluyen aficiones, tiempo, gustos… Y la solución más aceptada es contar con una figura de apoyo — ajena al ámbito familiar—que nos ayude a reconquistar ese espacio abandonado de nuestra vida.  

¿El resultado? La sensación continua de culpabilidad. Si la dedicación a la maternidad es exclusiva, culpable por renunciar a tu parcela propia. Si la decisión es volver al mercado laboral, culpable por dejar en manos ajenas la crianza de tus hijos y por no pasar el tiempo necesario (¿quién decide cuánto debe ser, me pregunto?) con ellos. 

Sobre estas columnas que sacuden todas las conciencias de las madres actuales, Leila Slimani construye un relato duro. Doloroso desde el comienzo. Una lectura en la que no hay artificios o descubrimientos sorprendentes, pero cuyo reflejo —con una prosa elaborada e implacable— de los problemas de la sociedad (elección del bienestar económico ante la familia, la soledad, los prejuicios raciales, la locura, el resentimiento) es magnífico. 

Pero la canción dulce del inicio se tuerce, la nana se torna discordante y la sonrisa se queda congelada al reconocer la violencia soterrada, la amenaza oculta, el terror vestido de carcasa de pollo (¡qué escena, señores!). Reconocemos la transformación de la ternura en una frialdad emocional propia de un cuadro de “melancolía delirante”, y la evolución del falso servilismo en frustración. Y esta, posteriormente en un odio sordo. Su lectura te lleva de “Mary Poppins” a “La mano que mece la cuna”. De la tristeza de De Vigan al terror psicológico de la Highsmith de forma natural.  

Que no te engañe su estilo elegante y la prosa eficaz que caracterizan a esta mujer de ojos enormes y pequeña talla. Su narrativa afilada, certera y arriesgada—se atreve con una estructura circular y un relato en presente— te deja un sentimiento amargo que perdura en la memoria.  

Un buen libro duele, perdura, sacude. Y este lo hace. 

 

Izaskun Albéniz es escritora de novela negra y colaboradora de algunas revistas. 

Una persona que encuentra cobijo y protección en los libros. Una mujer que pronto nos ofrecerá sus narraciones para evadirnos y refugiarnos. 

 

 

Mi agradecimiento a Izaskun por haber escrito para mí esta reseña, y por demostrarnos que la novela realista también puede ser negra. Vivimos en una sociedad con demasiado género noir a nuestro alrededor. Por desgracia no todo es ficción. 

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